miércoles, 17 de agosto de 2016

Ciudadanos por cien días


Agarre un almanaque y ubíquese en el tiempo. Estamos en Agosto de 2016. Faltan menos de cuatro meses para que termine el año y el país se juega su supervivencia como Estado democrático en estos 100 días.

En estas casi dos décadas de chavismo, la dinámica ha sido oprimir a la disidencia para desaparecerla. Somos escuálidos, traidores, oligarcas, majunches, o simplemente no somos, no existimos. Todo con la idea de convencernos –en muchos casos con éxito- de que no podemos hacer nada contra el gobierno. Esa sensación de impotencia nos pone a pelear entre los opositores: ya que luchar contra el gobierno es inútil, emprendo una lucha entre mis pares, porque al menos ahí tengo chance de ganar.

Y eso hemos hecho durante años, ir contra nuestra dirigencia, mutilar nuestro liderazgo, desintegrar nuestras formas de organización. Hemos llegado a convalidar los ataques del gobierno contra nuestros líderes, sólo porque no es el líder que a mi me gusta, y ¿Qué tanto? Igual ese no iba a cambiar las cosas.

En paralelo, algunos líderes de oposición parecen tener algún tipo de tara psicológica- política: totalmente dados al autosabotaje, parecen esos imbéciles que describía Savater “quieren comer ajos y dar besos grandiosos”. Cuando se avanza en alguna estrategia, entonces ellos optan por ponerse al lado del camino y, sin concretar lo que se viene haciendo, se lanzan a una estrategia paralela que sólo nos debilita como oposición organizada, le quita poder a los ciudadanos y nos desorienta como movimiento. Esos líderes tienen que reaccionar o abrir su baraja porque su comportamiento no aporta.

Los ciudadanos debemos estar concientes de esta situación, ya tenemos años en la misma coreografía. Hemos escogido de manera contundente seguir la ruta del Referéndum Revocatorio porque el sacar adelante nuestro país pasa necesariamente por sacar al chavismo del gobierno. Por el Referéndum Revocatorio tomaremos Caracas el 1 de septiembre, para exigir el cronograma del proceso, para exigir la convocatoria a la recolección del 20% de voluntades y exigir nuestro derecho a cambiar el gobierno en paz y democracia.

Tenemos, nosotros, los ciudadanos, cien días para presionar por llevar adelante el Referéndum Revocatorio, ganarlo y convocar a elecciones. Para muchos, la meta es que durante la recolección del 20% de manifestaciones de voluntad, se pronuncien 8 millones de venezolanos y políticamente Nicolás Maduro y su gobierno chavista se sepan revocados. Es válido, pero para eso hay que materializar ese 20% sin dudas, de manera contundente.

Cien días. Los países no se acaban, pero si retroceden. Nos toca a todos, así como hemos resistido para frenar al chavismo, empezar a empujar para revocarlos del poder. Para eso, debemos empujar todos hacia el mismo lado.



viernes, 12 de agosto de 2016

Hacer lo necesario


Estudié en una escuela subsidiada, del programa Fe y Alegría y construida por la Asociación Civil para la Cirugía Plástica y Reconstructiva. Esta asociación tenía por objeto recaudar fondos para intervenir a niños que hubiesen padecido quemaduras extremas y requerían tratamiento prolongado para atenderse, sanar y crecer con condiciones físicas adecuadas. Su centro de operaciones era el J.M. de Los Ríos.

La idea de la escuelita es que los niños con necesidad de tratamiento pudieran recibirlo y a la vez ir a la escuela. Curarse y crecer a la vez. Para ello construyeron la escuela en El Junquito y buscaron por toda la zona niños con edad escolar y por allá en el año 87 arrancó el proyecto.

Mis compañeros de clase fueron pues vecinitos de la “hacienda” que a mitad de los 90 se volvió “urbanización”, y niños con 35, 50, 80% de su cuerpo arrasado por quemaduras de tercer grado que los mutilaron, los deformaron y los llevaron a ese paraíso en El Junquito a buscar ayuda y apoyo. De esto me di cuenta muchos años después; a mis cinco años yo iba a la escuela y mis compañeros de clases tenían nombres y ya, no tenían quemaduras, ni sillas de ruedas, ni muletas.

Recuerdo eso sí, con claridad, muy vívidamente, cuando a mis amigos los llevaban a la terapia, que consistía en forzar la elasticidad de la piel para devolverle movilidad a las articulaciones. Me explicaron cómo la piel quemada se muere, y hay que rasparla para que no pudra la piel sana. También cómo hay que usar apósitos y mallas para frenar la cicatriz, para que no se ponga dura la lesión y la piel se regenere “en orden”; luego la fisioterapia para estirarla.

Los niños de la escuelita no tendrían más de 12 años, y “los internos” como llamábamos a quienes vivían ahí para recibir tratamiento, estaban distribuidos por todos los grados de primaria. Niños que a su edad ya había sufrido el dolor del accidente que los lesionó y varios años de dolor de curas, terapias, operaciones, injertos de piel… Y ahí estaban, tempranito en la mañana, en aquel frío que te quebraba los labios, en aquella lluvia que no paraba nunca, esmerados en sus clases, en sus tareas, emocionados con el coro y la banda de guerra y los paseos a los museos. Habían sufrido lo que no he sufrido yo hasta ahora en estos treinta y tres años, pero seguían luchando, sin quejarse, sin cansarse, lejos de sus familia porque muchos eran del interior del país. Todos muy pobres, pero haciendo lo necesario.

Seguí en contacto con muchos de mis compañeros, con las limitaciones propias de haber crecido en la prehistoria sin Internet ni redes sociales. Muchos graduados, autosuficientes, libres. Sabían desde siempre que su futuro dependía de su disposición y lo lograron.



A mi país lo quemaron. Lo arrasaron y mutilaron. El proceso de sanar esas heridas es doloroso, intenso, prolongado. Hay que raspar la piel quemada para que no pudra la piel sana, y eso duele. Hay que trabajar muy duro para  que las cicatrices no endurezcan y no nos impidan movernos. Hay que hacer lo necesario para curarnos y seguir. Estoy segura que podemos. Y tener otra historia que contar.

miércoles, 6 de julio de 2016

El llegadero



El llegadero existe. Pero contrario a lo que muchos pensarían, el llegadero es ese punto de la historia donde algo o todo va a cambiar; no es un final sino un necesario comienzo porque la alineación de circunstancias que lo preceden son insostenibles.

El Venezuela el llegadero será ese punto donde la crisis social absorba todas las demás, porque la economía es inoperante y la política no ha dado soluciones a las demandas de la gente, que para nuestra desgracia se circunscriben a lo más elemental como alimentos y medicinas.

Concretar una solución política a la crisis que vive el país pasa necesariamente porque los venezolanos estemos vivos. Y sonará ridículo pero simplemente la situación económica nos está matando de hambre y de mengua. 

La oposición necesita, más que el gobierno, capitanear el barco al buen puerto del Referendum Revocatorio, que les permita fortalecerse como opción política y cambiar el gobierno a través de un mecanismo constitucional que le garantice gobernabilidad ante las duras medidas de recuperación económica que es indispensable tomar.

Lo escribí antes, a Maduro hay que obligarlo a gobernar. Es necesario tomar medidas para que los venezolanos no sigan pasando hambre, o muriendo en hospitales de guerra, en condiciones infrahumanas. En este momento la oposición tiene una posición ventajosa para presionar sobre asuntos puntuales que mejoren la calidad de vida de los venezolanos.

Medidas tendentes a mejorar el abastecimiento de comida, vía endeudamiento o refinanciamiento de deuda, y otras que permitan el ingreso de medicinas e insumos médicos donadas en el exterior, bajo una figura menos discordante que el canal humanitario, serían un alivio a la delicada situación que viven los venezolanos. Porque más allá de las estrategias políticas, hay seres humanos padeciendo esta grave situación.

Es indispensable que la dirigencia busque mecanismos para aliviar la crítica situación de los venezolanos. Si la meta es una solución política a la crisis, debemos trabajar en mitigar las terribles circunstancias que padecen los venezolanos y que amenazan con desviar el llegadero a territorios indeseables. 

ELQ

miércoles, 22 de junio de 2016

Del diálogo de Maduro, o préstame tu Asamblea pa´ir pa´ Choroní.



El gobierno se quedó sin dinero. Entre una pésima administración basada en el derroche y la inexistente rendición de cuentas, la corrupción más grande de nuestra historia, la aniquilación de la iniciativa privada y de las exportaciones no petroleras, Venezuela no tiene dinero para comer.

Producimos petróleo –el poco que producimos- para pagar deudas que contrajeron Chávez y Maduro para financiar la corrupción y la burbuja fiscal que los mantuvo en el poder. Y ahora resulta que no pueden endeudarse. Ningún prestamista le va a dar dinero al Gobierno, a sabiendas que esas acreencias son nulas al no contar con el aval de la Asamblea Nacional. Si señores, el “bloqueo financiero” del que hablan los chavistas no es más que la certeza de ilegalidad de cualquier contrato suscrito por el Gobierno, que no cuente con el aval de la Asamblea Nacional. Recuerdo claramente como decidieron anunciar la muerte de Hugo Chávez cuando los chinos les dijeron: te prestamos plata pero díganos quién es el Presidente. Rapidito montaron el funeral y de inmediato Jaua en un avión rumbo a China a cuadrar el cheque.
  
Sobre eso es que quiere hablar Maduro con Henry Ramos Allup, como Presidente de la Asamblea Nacional, ese es el centro del diálogo. Ofrece libertad de presos políticos como parte del negocio, quién sabe qué más ofrece, pero no a cambio del Revocatorio que saben indetenible, no. Lo que necesita Maduro es que Ramos Allup mueva los hilos para que la Asamblea Nacional lo deje endeudarse (más) para seguir oxigenando la cianótica revolución chavista y poder lanzarse a la campaña por el NO en el Revocatorio. Por eso el diálogo no incluye el Revocatorio, lo que negocian son las condiciones en las que el Gobierno quiere hacer campaña: yo dejo de obstruir el proceso y tu déjame financiar el desastre en el país y mi campaña, esa es la grosera oferta de Maduro.

Curiosamente, los que parecen más dispuestos al negocio de riesgo y ventura de financiar al chavismo son los gringos. Miren cuántas vueltas ha dado ese perro para echarse, ¿no?

No hay nada más riesgoso que ser un dirigente de un partido de oposición en este momento. Sobretodo uno que crea que puede suturar la yugular expuesta del gobierno sin salir salpicado de sangre. Hay que tener cuidado porque en este momento lanzarle cables al Gobierno seguramente no lo saque del foso, sino que arrastre a unos cuantos con él.


ELQ

martes, 24 de mayo de 2016

Si queremos cambio, debemos cambiar.

Voy a dejar claro esto desde el principio para que no haya duda, en mi opinión la única solución política a la situación que vive Venezuela es la convocatoria al Referéndum Revocatorio establecido como derecho político en la Constitución.

Venezuela es un país con una institucionalidad descalabrada, y no solo la institucionalidad pública: tampoco tenemos referentes institucionales en lo privado o en lo social; no hay acuerdos sobre liderazgo en ningún aspecto de la vida nacional, no hay acuerdos sobre vocerías, no tenemos voces a las qué acudir como referente en momentos coyunturales. Esto revela la necesidad de reconstruirnos como sociedad y el primer paso para ello tiene que ser un acuerdo político que surja de la opinión mayoritaria del pueblo.

El gobierno conoce a la perfección cuál es esa opinión mayoritaria y, como le es desfavorable, de pronto la democracia participativa y protagónica es un estorbo. La oposición también sabe que la mayoría de los venezolanos queremos revocar al gobierno de Maduro; pero la oposición no es un cuerpo homogéneo, hay intereses diversos muchas veces contrapuestos, y con diferencias importantes sobre cómo implementar un cambio de gobierno y administrar los sucesivos cambios que requiere el país. Para el gobierno es más fácil, son unos delincuentes amparados en la impunidad de sus cargos, el poder para ellos es lo único.

Con un gobierno atrincherado en instituciones altamente partidizadas, decidido a no gobernar sino a mantenerse en el poder, la estrategia de la oposición tiene que ser audaz, innovadora, disruptiva, como atinadamente alguien me apuntó. No podemos seguir haciendo lo mismo que no nos ha llevado a nada, es necesario aprovechar este momento político (que el gobierno está enfriando a sus anchas) para proponer estrategias que involucren a todos, que motiven, que presionen, aunque sean ejecutadas por sólo unos pocos.

Venezuela no está para eventos masivos, la opresión del hambre y la violencia aleja a los venezolanos de la calle de la protesta y lo confina a la acera de la cola, de la caminata por medicinas, del suelo del hospital con una vía reutilizada, a la jardinera frente a la morgue. El toque de queda impuesto por el hampa nos condiciona y la ausencia de servicios públicos de calidad que nos permitan vivir con dignidad en pleno siglo XXI nos ocupan más en la sobrevivencia, en la subsistencia, que en la militancia.

Los focos de protestas en mercados no van a parar, difícilmente van a escalar la crisis, y de ninguna manera van a representar un punto de quiebre para el cambio de gobierno.

Hay que ejercer presión para que el gobierno representado en el CNE convoque el Revocatorio; esa presión no es solo protesta y no debe reducirse a la protesta. La Asamblea Nacional tiene que ejercer las medidas de control político institucional que le competen para hacer cumplir la Constitución: tiene que solicitar reuniones de trabajo con el CNE para constatar el estado del proceso revocatorio, tiene que exigir respuestas desde su posición institucional. La AN puede informar (sin tener que lanzarse una gira mundial) al Cuerpo Diplomático los detalles de la situación y las respuestas de los controlados Poderes Públicos ante los reclamos ciudadanos.

Los partidos políticos de oposición, que ya no estoy segura si están agrupados en la MUD, deben hacer lo propio. Es el momento de la militancia activa, donde cada acción de protesta tenga un objetivo y esté detalladamente planificada y organizada. Hay que ser creativos y audaces, si usted se va a parar frente a un piquete de la GNB que no sea a sólo llevar gas, hay que planificar que se va a hacer cuando se llegue a ese punto. Si usted va a burlar el piquete de la PNB o simplemente quiere protestar y presionar sin que salgan los represores, siéntese, cálmese y organícese con su gente a pensar cómo va a tomar las sedes del CNE sin que haya violencia, ¡pero tómelas!, empapele esa vaina  con la copia de las firmas que ya entregamos y váyase antes que los gaseen y lo caigan a perdigones.

Creo que si escribo “los desnudos azules de la UCV” todos sabemos de qué estoy hablando. Si hablo de las Madres de la Plaza de Mayo (mas allá de lo que opine usted de la señora Bonafini) sabrá que eran señoras que como Videla tenía prohibido hacer concentraciones en la Plaza de Mayo, ellas para reclamar por sus muertos y desaparecidos, comenzaron a caminar en círculos alrededor de la Plaza. Si hablo de la Protesta de la Sal todos estamos de acuerdo que Gandhi no vivió toda la vida pasando hambre.

Y por último y no menos importante, hay que tender puentes. La oposición debe convocar abiertamente, sin prurito y sin rubor, a organizaciones de base del chavismo para discutir sobre el Revocatorio y sobre el destino del país. E insisto, abiertamente, organizada y planificadamente. Con respeto, con seriedad, con disposición a estar equivocados. Esa es la grieta del chavismo, y es por donde hay que insistir.

Hay que cambiar la estrategia porque el tiempo atenta contra todo buen plan.


ELQ





jueves, 28 de abril de 2016

No es lo mismo, ni es igual, pero casi


Los venezolanos fuimos la democracia más antigua del continente. El Pacto de Punto Fijo y la Constitución de 1961 sembraron en nosotros el espíritu democrático con el que se modernizó el país hasta convertirlo en destino apetecible para la inversión, el desarrollo, el turismo.

Sin embargo, la estructura de gobierno y de la administración pública se desgastó, exigía una renovación que se pusiera a tono con las exigencias del país y del mundo, requería la diversificación de nuestra economía, la inversión privada. Necesitábamos un gobierno que se modernizara a la par del país y que atendiera el rezago social que se fue creando en perjuicio de miles de venezolanos que se encontraban sumidos en la pobreza.

Ante esa coyuntura la clase política venezolana, heredera de la lucha por la democracia desde comienzos de siglo, no estuvo a la altura de las exigencias sociales. La gente pedía revisión y los cálculos políticos retrasaron los procesos de reforma del estado, mientras algunos egos se aprovecharon del desafortunado intento de golpe de estado del 4 de febrero de 1992, para colarse en el descontento y saldar deudas personales a cargo del futuro del país. Así como José Luzardo clavó en el bahareque la lanza con que mató a su hijo, los padres de la democracia venezolana la asesinaron.

En 24 años los venezolanos hemos padecido las crisis más profundas, alternadas por una ocasional bonanza petrolera sin precedentes. Esos difíciles contrastes que han impactado pavorosamente nuestra calidad de vida, no han mellado nuestra conciencia de democracia primogénita. Hemos resistido los embates de un gobierno autoritario y personalista sin que la oposición al gobierno haya dejado de serlo, sin que los ciudadanos hayamos sucumbido en nuestros reclamos de más y mejor democracia y muy significativamente: sin ceder a la tentación de combatir el autoritarismo con más autoritarismo.

Al igual que en los 80, el país reclama cambios, reformas profundas no sólo en la estructura del Estado sino también en esa clase política que nos gobierna y en aquella que aspira gobernarnos. El pueblo venezolano ha demostrado que esos cambios serán a través de los mecanismos que ofrece la Constitución, o no serán.

La paciencia del venezolano pone en cabeza de los líderes de la oposición la responsabilidad de contribuir a que los cambios políticos se lleven adelante de manera democrática, y que las posiciones de los partidos políticos trasciendan los personalismos y escuchen a su militancia, que en este momento no piensa en candidatos sino en soluciones. A los venezolanos no nos interesa –simplemente no nos interesa- el plan que cada uno de los líderes opositores ha diseñado para sí; apoyaremos las soluciones que nos involucren a todos y nos den la capacidad de decidir el destino de nuestro país.

El gobierno, el chavismo, tiene la oportunidad de oro de escuchar y entender también a su militancia, dar un paso a un lado y permitirse reinventarse, repensarse y avanzar. Aferrarse al poder por el poder mismo, no porque el poder lo sea todo, sino porque es lo único que les queda, sólo garantizará su extinción.


La historia es un espiral, decía alguien por allí y a mi me gusta esa idea. El país está en ese momento preciso en que el capullo o florece o se seca en la mata. Esperemos que esta vez no volvamos a equivocarnos. 

lunes, 4 de abril de 2016

La culpa no es de Maduro



Hace casi 3 años, más de 7 millones de venezolanos eligieron a Nicolás Maduro como Presidente de Venezuela, en uno de los procesos electorales más desiguales y abarrotados de ventajismo gubernamental de la historia; sólo superado por las elecciones presidenciales de octubre de 2012.

Nicolás Maduro no es un político inexperto. Nicolás Maduro no es un idiota que no sabe lo que hace. Pasó el equivalente a un pre y post grado al frente de la Cancillería venezolana y si bien su ausencia de carisma y de capital personal que lo distinga ha jugado en su contra, es también eso lo que lo excusa frente a eso que muchos llaman “chavismo descontento”. Ese chavismo que cree en el Socialismo del Siglo XXI y que también cree que Maduro es el responsable de la crisis. Él, y no el modelo chavista.

Se equivocan quienes creen que el proceso de cambio político venezolano implica la sola salida de Nicolás Maduro de la Presidencia. Eso no es suficiente. No es suficiente mientras la situación que para algunos es insostenible, para cinco millones de venezolanos sea “de regular a buena”.  Y esto no es más que el resultado de esa nada ingenua política opositora de no querer confrontar al chavismo con sus demonios, de esa dificultad operativa para decir “Chávez ha sido el peor presidente de nuestra historia” y explicar que eso es una verdad del tamaño de nuestro chamuscado Ávila; porque Chávez se aprovechó de su carisma y poder absoluto para condicionar los derechos civiles, las libertades públicas y la separación de poderes y esos son los cimientos de la democracia.

Chávez fue un pésimo presidente que robó y dejó robar, que fomentó y toleró el narcoestado, al amparo de sus afinidades ideológicas con los mayores narcotraficantes del continente: las FARC. Este desmadre que vivimos es simplemente el resultado de las pésimas políticas públicas implantadas a la sombra de una ideología comunista, amparadas hasta no hace nada en el derroche de petrodólares y predestinada por la conocida ineficacia de los inexpertos con poder.

Ahora, ¿por qué ningún político venezolano de oposición es capaz de decir esto? ¡Ninguno! La oposición le guarda más luto a Chávez que el propio chavismo. Ese temor a desmenuzar al chavismo como movimiento, como aquel que no cuestiona una religión, es un nivel superior de estupidez. Es el chavismo el que nos trajo a esta crisis y es el chavismo el que nos gobierna!

No basta con sacar a Maduro de la presidencia, esa es una concesión que el chavismo gobernante estaría dispuesto –con alivio de luto- a hacer. Hay que desmontar al chavismo corrupto, narcotraficante e ineficiente. No es posible que ante la falta de alternativas políticas en la oposición, se le ofrezca al ciudadano chavista un mejor chavismo, cuando el problema es que el chavismo no tiene lado bueno.


Los pactos que se desarrollan en sectores de la oposición (AD- VP-Causa R- UNT) para negociar una cohabitación con la cúpula del gobierno, están de espaldas al país. El chavismo ha destruido al país con su actitud delincuencial no admite rectificación. Es el momento de presionar como mayoría un cambio de gobierno, y no negociar como minoría la salida de Maduro. Nos gobierna el chavismo y el legado de Chávez, la culpa no es de Maduro.